Muerte de manatíes en El Llanito genera alarma ambiental en Barrancabermeja

Muerte de manatíes en El Llanito: una crisis ambiental que preocupa al Magdalena Medio

El corregimiento El Llanito, en Barrancabermeja, inició el 2026 bajo una profunda preocupación ambiental. Lo que debía ser un nuevo comienzo para la comunidad ribereña se convirtió en una alerta ecológica que mantiene en vilo a pescadores, autoridades y organizaciones ambientales. La reiterada muerte de manatíes en El Llanito durante el 2025 encendió las alarmas en uno de los complejos cenagosos más importantes del Magdalena Medio.

En lo que va del último año, aproximadamente 16 ejemplares de manatí antillano han sido hallados sin vida en diferentes sectores como la ciénaga El Llanito, el Caño Rosario y la ciénaga San Silvestre. La situación no solo impacta por el número de animales muertos, sino por el perfil de algunos de los casos más recientes: una hembra adulta de aproximadamente media tonelada y una cría, encontradas sin vida con pocos días de diferencia.

Las circunstancias exactas de cada muerte siguen bajo investigación, pero el patrón repetitivo refleja un deterioro ambiental que preocupa profundamente a la comunidad. La muerte de manatíes en El Llanito no es un hecho aislado; es el síntoma visible de una crisis ecológica que se viene gestando desde hace años.

El impacto ambiental detrás de la desaparición del manatí antillano

El manatí antillano está catalogado como especie en peligro de extinción. Su lenta reproducción y alta vulnerabilidad ante cambios en el hábitat lo convierten en un indicador sensible del estado de los ecosistemas acuáticos. Cuando un manatí muere, no solo se pierde un individuo, se debilita la capacidad de recuperación de toda la población local.

Las primeras hipótesis sobre las causas apuntan al deterioro severo de la calidad del agua. Diversos factores confluyen en este escenario crítico.

Contaminación por hidrocarburos y vertimientos industriales

Uno de los elementos más preocupantes es la presencia de hidrocarburos en zonas cercanas a donde fueron hallados algunos ejemplares sin vida. Las autoridades ambientales confirmaron indicios de contaminación que comprometerían la calidad del agua.

A ello se suman vertimientos de aguas residuales, residuos industriales y pasivos ambientales asociados a actividades petroleras históricas en la región. Empresas como Ecopetrol y SENIT operan en el área, y aunque han sido objeto de medidas preventivas, las comunidades exigen acciones más contundentes.

La contaminación no solo afecta al manatí. También impacta la pesca artesanal, principal sustento económico de cientos de familias del corregimiento. El agua es vida en El Llanito, y cualquier alteración repercute en todo el tejido social.

Reducción del espejo de agua y sedimentación

Otro factor determinante es la reducción del espejo de agua. La sedimentación progresiva ha transformado la dinámica natural de la ciénaga. Durante la temporada seca, la profundidad disminuye considerablemente, limitando el acceso del manatí a alimento y zonas seguras.

La disminución del nivel hídrico agrava la concentración de contaminantes y reduce la disponibilidad de vegetación acuática, base de la dieta del manatí. Este contexto incrementa el estrés fisiológico del animal y lo expone a mayores riesgos.

En este escenario, la muerte de manatíes en El Llanito se convierte en una señal inequívoca de que el ecosistema está perdiendo su equilibrio.

Guardianes del Manatí: la resistencia comunitaria desde la ciénaga

En medio de la incertidumbre y el dolor, surge una historia de esperanza. Desde 2019, un grupo de hombres y mujeres del corregimiento decidió organizarse para proteger a la especie. Se hacen llamar los Guardianes del Manatí.

Este colectivo, conformado por 12 personas entre pescadores y líderes comunitarios, trabaja sin ánimo de lucro. Su misión es clara: monitorear, alimentar y vigilar a los manatíes, especialmente en épocas críticas.

Monitoreo, alimentación y vigilancia en temporada seca

Cada semana, los guardianes recorren la ciénaga en canoa. Identifican puntos estratégicos de monitoreo —actualmente 13— donde depositan alimento natural recolectado manualmente. Con machete en mano, cortan vegetación que hace parte de la dieta del manatí y la amarran cuidadosamente para evitar que la corriente la arrastre.

Durante la temporada seca, cuando el agua baja drásticamente, intensifican los recorridos. Evalúan la profundidad, observan el comportamiento de los animales y notifican cualquier anomalía a las autoridades.

Además, forman parte de la red de varamiento, actuando como primera línea de respuesta ante emergencias. En varias ocasiones han sido quienes detectan primero la presencia de un ejemplar en riesgo.

Un compromiso sin incentivos económicos

La mayoría de los integrantes vive de la pesca artesanal. Cada jornada dedicada al monitoreo significa un día menos de ingresos para sus familias. En muchos casos, deben hacer colectas entre ellos mismos para costear gasolina y mantenimiento de las embarcaciones.

Sin embargo, insisten en que no buscan recursos individuales. Lo que exigen son proyectos estructurales que recuperen la ciénaga y garanticen condiciones sostenibles para el ecosistema.

Sacrificios personales por la conservación del ecosistema

Para los guardianes, el manatí no es solo una especie más. Es símbolo de identidad cultural y equilibrio ambiental. Lo consideran una “especie sombrilla”: si el manatí está bien, el ecosistema también lo está.

Cada hallazgo de un animal muerto es un golpe emocional. No lo ven como un evento aislado, sino como una alerta sobre el deterioro ambiental generalizado. Aun así, la muerte de manatíes en El Llanito no ha debilitado su compromiso; al contrario, ha reforzado su convicción de actuar.

Respuesta institucional ante la emergencia ambiental

Ante la presión comunitaria y la gravedad de los hechos, la Secretaría de Medio Ambiente y Transición Energética de Barrancabermeja anunció medidas concretas.

Se han impuesto seis medidas preventivas a industrias petroleras que tendrían pasivos ambientales con incidencia en la ciénaga. Entre las acciones anunciadas se incluyen requerimientos técnicos inmediatos, suspensión de actividades que afecten humedales, exigencia de planes de contingencia y apertura de procesos sancionatorios.

Medidas preventivas contra la industria petrolera

Las autoridades han solicitado intervención de entidades nacionales para garantizar que las empresas responsables inviertan en restauración ecológica, tal como lo exige la normativa vigente.

La administración local también convocó una mesa de trabajo con autoridades ambientales y representantes empresariales para exigir compromisos concretos en materia de descontaminación.

Inversiones anunciadas para la restauración ecológica

Se anunció una inversión de 2.000 millones de pesos destinada a acciones de recuperación ecológica y monitoreo de la especie. El objetivo es frenar el deterioro del ecosistema y prevenir nuevas pérdidas.

Sin embargo, la comunidad insiste en que las medidas deben ser sostenidas en el tiempo. La muerte de manatíes en El Llanito no se resolverá con acciones puntuales, sino con una estrategia integral que combine restauración ambiental, control industrial y educación comunitaria.

El manatí como símbolo de vida y equilibrio en la ciénaga del Llanito

En El Llanito, el manatí representa mucho más que biodiversidad. Es vida, agua, cultura y sustento. Su presencia es señal de que la ciénaga respira; su ausencia, un aviso de que algo grave ocurre bajo la superficie.

La crisis actual obliga a repensar la relación entre desarrollo industrial y conservación ambiental. También demuestra que la defensa del territorio no depende únicamente de grandes presupuestos, sino de la voluntad colectiva.

Mientras el sol cae sobre la ciénaga y las canoas regresan al puerto, queda una certeza: hay una comunidad que no se rinde. Cada manatí que logra sobrevivir es una señal de esperanza. Cada pérdida es un llamado urgente a actuar.

El futuro del ecosistema dependerá de la capacidad de articular esfuerzos entre ciudadanía, autoridades y sector privado. Lo que está en juego no es solo una especie en peligro de extinción, sino el equilibrio de todo un territorio que ha aprendido a vivir en armonía con el agua.